Cuando te toca contactar a alguien a quien admiras, se te mueve el corazón. No eres solo productora, sino también lectora, espectadora y ciudadana. Has seguido su trayectoria, has formado opiniones y existe una valoración previa que no puedes fingir que no está ahí.

En política, eso pesa más.

Estamos acostumbrados a mirar ese espacio con sospecha, desgaste, cinismo y hartazgo. Por eso, cuando encuentras a alguien cuya trayectoria te parece decente, la sensación es distinta. No es fanatismo. Es reconocimiento, admiración y esperanza.

La admiración no debe interferir con el oficio, pero tampoco necesita ser negada. Se puede sostener con elegancia. Se puede reconocer internamente sin contaminar el trabajo.

La clave está en la estructura. La estructura te recuerda que no escribes como fan, sino como productora. Tu responsabilidad es garantizar una conversación clara, una agenda confirmada, un espacio respetuoso y bien organizado. 

Y, curiosamente, cuando la política representa decencia, el proceso también fluye con ella. Las respuestas llegan con respeto; las coordinaciones son diligentes y la palabra se honra.

Creo que todavía es posible ejercer este oficio con firmeza profesional y, al mismo tiempo, conservar la capacidad de admirar.

Y eso no es debilidad, por supuesto que no.

Es solo humanidad.

En la foto, Mirtha Vásquez, candidata al Senado por Ahora Nación. Para mí, un referente de honestidad y decencia en la política peruana.

La política también puede representar decencia.

Historias de producción

Insights sobre video corporativo y estrategia audiovisual.

Descubre cómo damos forma a tus videos desde la historia.

Porque contar bien es lo que hace que un mensaje conecte y se quede contigo.

Agenda ahora y hablemos