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Hay lugares que existen para recordar. Lugares que nos muestran lo que ocurrió, hasta cuando lo que vemos resulta doloroso. Están para ayudarnos a entender nuestro pasado y no olvidar lo que una sociedad ha vivido.

Hace unas semanas estuve frente a uno de esos lugares en Alemania. Mientras recorría un antiguo campo de concentración, convertido hoy en memorial y museo, pensé en Perú.

En cómo cada sociedad enfrenta su pasado, en lo que decide recordar y en lo que corre el riesgo de olvidar.

No pude evitar pensar en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) y en lo que ocurre cuando un país empieza a discutir no solo qué debe recordar, sino también qué parte de su historia merece ser contada.

En Alemania, los antiguos campos de concentración no fueron borrados del paisaje. Tampoco se decidió que fueran demasiado incómodos, demasiado políticos o demasiado dolorosos para las nuevas generaciones.

En Sachsenhausen, a las afueras de Berlín, por ejemplo, el antiguo campo de concentración es hoy un memorial y museo. Sus restos son considerados por la propia institución como “garantes de la memoria”. El lugar conserva edificios, documentos, objetos y testimonios, y sus exposiciones no solo hablan de las víctimas, sino también de quienes perpetraron los crímenes y de los mecanismos que hicieron posible ese sistema.

No se trata de visitar el lugar para admirar el pasado. Se va precisamente para comprenderlo, enfrentarlo, estudiarlo y conservarlo.

¿Por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo?

En Perú también tenemos una historia reciente que todavía nos duele.

Entre 1980 y 2000, nuestro país vivió un periodo de conflicto armado interno y violencia que dejó miles de víctimas, desapariciones, desplazamientos, atentados, esterilizaciones forzadas y heridas que todavía atraviesan a muchas familias.

Sendero Luminoso y el MRTA cometieron actos de violencia y terrorismo que deben ser condenados sin ambigüedades.

Pero también hubo graves violaciones de derechos humanos cometidas por operadores y fuerzas del Estado. Recordar una cosa no obliga a olvidar la otra.

Cuando comenzamos a seleccionar qué víctimas merecen ser recordadas y cuáles deben quedar fuera, dejamos de hacer memoria y empezamos a construir un relato conveniente.

Después de haber caminado por esos lugares de Alemania, me pregunto: ¿Qué clase de sociedad queremos construir si empezamos a cerrar los ojos frente a nuestra propia historia?

No quiero que nadie me diga qué debo recordar ni qué debo olvidar.

Todos debemos conocer nuestra historia completa. Saber qué ocurrió, quiénes fueron las víctimas y quiénes fueron los responsables. La memoria colectiva se construye cuando una sociedad conoce y reconoce su pasado, no cuando lo oculta o lo bloquea.

No debemos permitir que otros elijan por nosotros qué parte de nuestra historia conservar y cuál olvidar.

Porque la memoria no le pertenece a un gobierno, a un partido ni a una ideología. Nos pertenece a todos.

Por eso debemos mirar la memoria de frente para no repetir.

LUM: https://lum.cultura.pe/

Gedenkstätte und Museum Sachsenhausen: https://www.sachsenhausen-sbg.de/

Recordar para no repetir.

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