Caminas por algunas calles del centro de Düsseldorf y, de pronto, te encuentras con ese restaurante al que siempre te provoca volver. Entras y compras un pan con cerdo que te recuerda muchísimo a nuestro delicioso pan con chicharrón. La diferencia está en que, en lugar de la clásica cebollita roja, lleva col lombarda. Y si quieres darle un toque más peruano, puedes echarle ají. Sí, es justo en ese momento cuando extrañas más que nunca Lima.
Lo diferente viene después. Sales del restaurante y sigues caminando mientras disfrutas de tu sándwich. O buscas una banca, te sientas un rato al sol y lo acompañas con una cerveza. No necesitas una mesa ni organizar una salida para comer. Simplemente compras algo rico y sigues disfrutando de la ciudad.
En Lima también tenemos una enorme cultura de comida callejera y sabemos disfrutar muchísimo de algo rico mientras estamos por ahí. Pero me pareció curioso descubrir que, casi de manera automática, cuando compro algo para comer, busco dónde sentarme. Una banca, una mesa, cualquier lugar donde pueda acomodarme y disfrutarlo tranquila.
En Düsseldorf descubrí que también podía hacerlo de otra manera. Seguir caminando con la comida en la mano, sentarme un rato al sol o simplemente observar cómo corre el día. Me gustó descubrir que no necesitaba detener el paseo para comer. Podía disfrutar de la comida mientras disfrutaba también de los espacios públicos, de la gente y de esos momentos en los que no hay nada especial que hacer, solo estar ahí y disfrutar.
La verdad es que me gustan las dos maneras. A veces provoca sentarse a la mesa, conversar y tomarse el tiempo; otras, caminar sin apuro con algo rico en la mano y ver qué aparece en el camino. Porque, si tienes suerte, ese día puedes encontrarte con un club de salsa donde la gente se anima a bailar o con un concierto de jazz a orillas del Rin.
No se trata de decir qué manera es mejor que la otra. En Lima disfrutamos la comida callejera a nuestra manera y en Düsseldorf la viven de otra forma. Ambas pueden ser encantadoras, con sus sabores y colores. Al final, lo puedes disfrutar según te cante el día.
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